Tiene tres metros de alto y
quince de largo
Lo descubrieron arqueólogos
argentinos y bolivianos
En la
segunda mitad de la década de 1970 comenzamos
nuestras investigaciones arqueológicas sobre la
cuestión Inka en los Andes meridionales o antiguo
Kollasuyu. En esos tiempos poco y nada se conocía
del tema al Sur del Titicaca. Un año después en
Rev. Relaciones y luego en 1981 publicamos un
libro llamado "Los Inkas del Kollasuyu"donde
presentamos una estrategia de investigación en el
terreno, gabinete etnohistórico y laboratorio de
análisis que fue expuesta en ese libro y en varios
artículos publicados en Argentina, Chile en un
primer momento, luego en otros países americanos,
Australia, EEUU y Europa; también hubo
presentaciones en el Congreso del Hombre Andino de
Cusco (1979) y luego en varios más.
El
fichado inicial, de sitio por sitio, abarcó los
datos -aislados con excepción de los trabajos de
corte histórico de Strube y una síntesis de
Schobinger- existentes a ese tiempo y publicados
de Bolivia, Argentina y Chile así como unos 30 de
ellos que habían sido reconocidos o descubiertos
-si así lo quieren llamar- por este suscrito en el
Noroeste Argentino. En total para esa fecha el
registro abarcaba aproximadamente unos 260 sitios,
de los cuales ll7 se hallaban en suelo argentinos,
107 chilenos y el resto, los sitios bolivianos que
poseían registros lo suficientemente claros para
explicitar y clasificar rasgos arquitectónicos y
artefactuales en matrices datos de doble entrada
y, con posterioridad, elaborar una taxonomía,
mapas etc..
Para
más datos de esta cuestión pueden verse los
trabajos del suscripto publicados en 1977, 1981,
1982, 1985, 1986, 1992, 1993, 1996, 1997,
1998.1999, 2000, y algunos más publicados en
organismos de la especialidad de Argentina, Chile,
Perú, EEUU y en congresos internacionales
realizados en Bogotá (Americanistas) Chile,
Mendoza, Buenos Aires, La Plata, Nueva Orleáns y
otros países que no es necesario señalar. Los dos
trabajos más calificados y posteriores a "Los
Inkas del kollasuyu" de 1981, los de J. Hyslop de
1984 y 1992 (Inka road... e Inka Settlemnt
Planning) y unos cuantos más de calificados
especialistas, como Morris, Daltroy, Davies,
Sethberg, L. Núñez, Hidalgo, Muñoz, Chacama,
Willians y nuevas generaciones de jóvenes
americanistas dedicados en la cuestión Inka han
realizado varias citas bibliográficas y
referencias puntuales a estas contribuciones.
En 1983
y con autorización previa de las autoridades de La
Paz comenzamos nuestras investigaciones en Potosí.
Fueron varias misiones en las que el suscrito,
planeo, diseñó la estrategia de terreno, subió a
cada uno de los cerros, mapeo, escribió y publicó
sin restricciones los resultados del hallazgo de
unos 12 tambos Inka en Potosí y varios segmentos
de Capacñam. También trabajos sobre la entrada de
Diego de Almagro y la yuxtaposición,
arqueológicamente probada por nosotros, de su
derrotero con el viejo Capacñam. En estos casos mi
auspiciante fue National Geographic Society
(grants otorgadas en 1984, 1991 y 2001 en
proyectos por mí dirigidos). Como resultado de
estos aportes el suscripto obtuvo cuatro premios
nacionales a la producción científica otorgados
por organismos científicos y academias argentinas
sucesivamente entre 1976, 1987, 1993 y 1996.
Varias
cosas deben subrayarse de esas misiones
arqueológicas al terreno andino:
1. En
ellas convoqué a los mejores estudiantes o jóvenes
recién graduados de arqueología en Argentina.
Todos ellos incluyendo al Dr. Mario Iñiguez de
nacionalidad boliviana y el colega y discípulo
chileno Dr. Rubén Stehberg, todos sin excepción
publicaron como co-autores los trabajos señalados.
Estoy hablando, además de los mencionados, de los
actuales Dres. o Arquitectos, Ricardo Alvis,
Daniel Olivera, Axel Nielsen, Jorge Palma, Ana
Albornoz, L. Bucci, Gabriela Raviña y Anahí Iácona
. Más recientemente a esta lista deben sumarse los
Licenciados Christian Vitry, Diego, Gobbo,
Victoria García Montes, Dra. Ayen Caparelli y
varios más cuyos nombres se me escapan en este
momento.
2. La
conexión por Capacñan y sus tambos de apoyo entre
esos enclaves de Aullagas (hoy Poopó), me refiero
a los establecimientos imperiales de Oma Porco,
Río Marquez, Quillacas de Asanaque y más al Sur,
ya en Tupiza-Talina-Suipacha, los de Chipihuayco,
Chagua, La Alameda, y el magnífico Chuquiago de
Suipacha (todos ellos reconocidos o mejor dicho
descubiertos por quien esto escribe entre esas
fechas del 83 al 87) y Tolomosa-Tarija era
intuíble. Pero nada de eso se sabía, aún cuando
Nordenskiold en los años 20, el geógrafo
Schmiedel, Metraux y Polansky referían
tangencialmente a ciertos vestigios en la región
que podrían ser imperiales. Yo mismo en 1987 había
reconocido -o si se me perdona descubierto- un
Pucará Inka y segmentos de Capacñan en Charaja de
Suipacha. Estos segmentos provenían del centro
administrativo Inka Chuquiago y su orientación,
hacia el naciente sobre el Río San Juan Oro,
indicaba que se dirigía hacia la legendaria
Tolomosa tarijeña publicada por el sueco Von Rosen
(1916). En ese momen
3. Todo
indicaba a nivel etnohistórico -Memorial de
Charcas, Matienzo, Lizárraga, los papeles de Pedro
de Candia y los trabajos de Espinosa Soriano,
Presta y el tarijeño Barragan entre otros- que la
cosa era posible. De modo que con esos lazarillos
etnohistóricos conformamos una batería de
hipótesis a confrontar y con nuestra experiencia
emprendimos el trabajo en el terreno que separaba
Tupiza de Tarija: la Cordillera de los Chichas.
4. En
esa oportunidad convoqué a los arqueólogos
profesionales Lic. Christian Vitry de Salta, Diego
Gobbo de La Plata y al aficionado Carlos
Metffessel de Tarija a quien había conocido dos
años antes en Samaypata. Estas contribuciones se
hicieron en el marco de un convenio de intercambio
existente desde hace algunos años entre las Univ.
Nacionales -y hermanas- de I. Zaracho de Tarija y
La Plata, las primeras según se nos informó
representaban la autoridad a quien dirigirnos.
Debe
subrayarse asimismo que como en todas las misiones
anteriores, nunca hemos recolectado ni trasladado
piezas o artefactos arqueológicos de ninguna
índole. A diferencia de muchos arqueólogos
latinoamericanos odiamos y reprimimos el
coleccionismo y el tráfico ilegal del patrimonio.
Como podrá observarse en todas las publicaciones
que llevan mi firma sobre Bolivia siempre nos
hemos limitado a los estudios de paisaje,
estrategia Inka y a fotografiar, posicionar,
mapear sitios y caminos.
A la
altura de este relato es fundamental remarcar que
la estrategia observacional sobre una evidencia
arqueológica requiere la presencia de
profesionales especializados en el tema. Para un
aficionado de nada sirve pararse arriba de una
kancha, capacñam, aukaipata, RPC. Ushnu, collca o
kallanka si se carece de la formación adecuada.
Sencillamente el vestigio no puede transformarse
en información clasificada y expuesta -publicada-
científicamente. Para quien nos acompañó en
algunos de los viajes sencillamente todo era
"precolonial", y por ende esos vestigios eran
indiscernibles, no podían se identificados ni
mucho menos explicados y adscriptos a un fenómeno
cultural inmerso entre los miles de años y varias
etapas del proceso indígena regional.
A esta
circunstancia se sumaba además un elemento
reaccionario científico, una persistencia
negativa, un falso paradigma científico de negar
sistemáticamente el dominio Inka efectivo en esas
regiones del Kollasuyu boliviano. Es ciertamente
atendible este falso nacionalismo, porque en
Argentina se vivió un proceso similar hasta la
década de los 70 cuando precisamente iniciamos
nuestros trabajos, el falso paradigma tenía por
ese entonces tal fuerza que varios arqueólogos más
destacados de Argentina, con y desde Ambrosetti en
adelante, no supieron observar el camino del Inka
corriendo bajo sus narices en el altiplano
argentino, en la Quebrada de Humahuaca y otros
lugares del viejo NOA.
Espero
que no nos culpen ahora con retroactividad, porque
debo confesar que el legendario capacñam fue
definitivamente descubierto por nosotros con el
malogrado Ricardo Alvis una mañana de 1983 en el
Angosto de Perchel, luego en Tilcara, La Huerta,
Campo Morado, Zapagua y varias localidades
arqueológicas más de la Quebrada de Humahuaca.
Volviendo
al puente de Ñoquera, su existencia por si sola no
alcanza para un diagnóstico preciso. Es sin ir más
lejos, un eslabón más de una cadena de tambos que
arranca en Chuquiago de Suipacha (R. Raffino;
1986) y no se trata de un simple puente -del cual
el amigo Metfessel en un comienzo dudó de su
filiación cultural Inka hasta que terminó por
convencerse cuando le explicamos su relación
contextual. Ñoquera se halla justamente en un
tinkuy Inka, encadenado a una seria de tambos
situados al naciente y poniente de la vieja ruta
Inka Tupiza-Tarija, utilizada seguramente luego
por Pedro de Candia y Diego de Rojas en 1539.
Asociado directamente a un establecimiento, un
tambo de gran envergadura parcialmente perturbado
por construcciones modernas que incluyen una
escuela, un cementerio y cancha de básquet hecha
en cemento, pero donde los registros de RPC. son
diáfanos y por si fuera poco el capacñam lo
articula tanto con Tupiza a través de otros tambos
y restos de capacñam hallados por
Raffino-Vitry-Gobbo.
Este
segundo puente es además una obra muy compleja,
construido con al menos dos estilos
arquitectónicos diacrónicos y perturbado
posiblemente en tiempos republicanos, en suma un
conjunto arquitectónico difícilmente discernible
para un aficionado y que casualmente permaneció
sin ser publicado -y por ende no descubierto,
reconocido o como quieran llamarlo- hasta este
fatídico 24 de abril pasado. Además es
multicomponente habida cuenta que aglutina rasgos
arquitectónicos imperiales de primer orden (R.
Raffino; 1981 no recuerdo la cita de página pero
se trata del libro "Los Inkas del Kollasuyu") con
otros coloniales, siendo estos últimos
probablemente pertenecientes a dos fases también
diacrónicas que tienen que ver con el uso o no de
carretones y mulares para el tráfico.
Además
debo anticipar que en la región -solamente con la
intervención de mis ayudantes Gobbo y Vitry- hemos
hallado vestigios de por lo menos seis tambos Inka
más, varias apachetas Inka y un gran número de
segmentos de Capacñam. Situados al oriente,
naciente y sur de Ñoquera. Todos con una
arquitectura de superficie que se encuadra
perfectamente en el repertorio del Tawantinsuyu.
Otros tramos en cambio carecen de esa filogenia,
unos parecen responder al estilo arquitectónico
Chicha ya diagnosticado por mi en la década de
1980 en Talina, Cotagaita, Ascande y Suipacha.
Mientras que otros caminos son claramente del
primer momento hispano-indígena y, finalmente otro
grupo son sendas de salineros que baja del
altiplano a los valles, como las que describió
acertadamente Axel Nielsen en la Rev. Relaciones.
Un arqueólogo inexperto o cualquier aficionado que
se atreva a estudiar este complejo y diacrónico
cuadro produciría inevitablemente grandes errores.
Finalmente
debo decir que los avances de estas
investigaciones fueron publicados hace un par de
años en la Academia Nacional de La Historia
-"Rumichaca"- con los siguientes autores por orden
de prelación: Raffino,Metffessel, Vitry, Gobbo. Lo
mismo con otro aporte en prensa en Perú y una
presentación al Congreso de Americanistas de Chile
donde se reitera la fórmula
Raffino-Metffessel-Vitry-Gobbo. Siempre fue mi
estilo otorgarle a los participantes
-profesionales y espontáneos- un lugar en cada
publicación.
Debo
señalar para terminar que eximo de toda crítica a
nuestros compañeros tarijeños, son magníficos
seres humanos que siempre nos ofrecieron
hospitalidad y recientemente Carlos me rescató
malherido de la montaña. Algo me hace sospechar
está siendo utilizado vaya a saber con que
propósitos. Es probable que mis trabajos en
territorio boliviano hayan herido
susceptibilidades de los colegas paceños, no lo
sé, quizás el tiempo lo aclare. Si esto es así me
disculpo por mi condición de Argentino pero no por
ser americanista y especialista en Tawanyinsuyu.
Además no escapa a mi entender, y debo señalarlo,
que algunos investigadores locales niegan
sistemáticamente o minimizan la conquista Inka en
secciones del territorio boliviano.
Esto ha
conducido a una especie de reacción científica ,
la cual ha llevado combatir las diáfanas pruebas
arqueológicas de terreno y a diluir o directamente
no participar en la declaratoria del camino Inka
como Patrimonio de la Humanidad, en un proyecto
conjunto entre los países andinos y que tiene al
suscripto como principal redactor del informe
científico correspondiente a Argentina, tarea que
le fue ofrecida desinteresadamente por mi a
colegas bolivianos sin obtener respuesta. Esta
será la única respuesta que el suscripto compondrá
sobre el tema.
Dr.
Rodolfo A. Raffino Invest. Superior. CONICET Jefe
Dto. Arquelogía- Museo de La Plata Miembro de la
Academia Nacional de la Historia. Argentina
Miembro Correspondiente de la Academia Boliviana
de la Historia. Consultor Honorario. Comisión Nac.
de Museos, Monumentos y Lugares Históricos.
Argentina
Estimados
colisteros:
Respecto
al "descubrimiento de arqueólogos argentinos", les
envío la carta firmada por el Presidente de la
SIARB y mi persona, que aclara los hechos
>verdaderos. Lamentamos esta actitud de un
científico argentino que no corresponde al nivel
académico compartido por la gran mayoría de
nuestros colegas en la Argentina.
Atentamente,
Matthias Strecker, SIARB, Secretario Gen.
A los
medios de comunicación
Ref.:
Descubrimiento de camino prehispánico en Tarija
(marzo 2003)
Ultimamente,
se publicaron en varios medios de comunicación de
Bolivia y Argentina la noticia del descubrimiento
de un camino prehispánico cerca de Tarija de parte
de un equipo argentino, dirigido por el Dr.
Rodolfo Raffino (Museo de La Plata, Argentina).
Por honor a la verdad, quisiéramos aclarar los
hechos que comprueban que tal descubrimiento en
realidad corresponde a los investigadores
bolivianos Carlos y Lilo Methfessel,
representantes regionales de la Sociedad de
Investigación del Arte Rupestre de Bolivia
(SIARB).
Se
trata de un tramo de camino prehispánico cerca del
camino carretero entre la cumbre de Sama y Tarija,
el que tiene muchas variantes, aparentemente
trazos antiguos y abandonados al modificar la
carretera actual. En el curso de un viaje de
evaluación de los eventuales daños al arte
rupestre y sitios arqueológicos, que podían
ocurrir con motivo de asfaltar próximamente esta
carretera, efectuado el 23 de marzo pasado, los
investigadores Carlos y Lilo Methfessel
descubrimeron que se trata en realidad de un
excepcional camino prehispánico. Tiene tamaño y
trazos como una carretera contemporánea, con ancho
hasta 12 metros en algunas curvas. Posee un
complejo sistema de alcantarillado, bocas de
tormenta, canales amplios, zanjas de coronación,
con algunas partes excavadas en la roca, canales
de drenaje superficiales y por debajo del camino,
que demuestra un increíble conocimientos de
ingeniería. Esta obra antigua fue reutilizada en
el período de los Inkas, asimismo en la Colonia.
Este
descubrimiento fue dado a conocer en un informe
preliminar dirigido al director del Museo
Arqueológico dependiente de la Universidad Juan
Misaél Saracho, Sr. Freddy Paredes, escrito el 25
de marzo, a la Directiva de la SIARB y al Director
de la Unidad Nacional de Arqueología del
Viceministerio de Cultura de Bolivia. Asimismo se
publicó la noticia del descubrimiento en el
periódico La Patria, Tarija, el 3 de mayo.
Los dos
investigadores bolivianos informaron en marzo al
Dr. Rodolfo Raffino, Museo de La Plata, sobre este
descubrimiento invitándolo a visitar el sitio con
ellos. El 23 de abril el Dr. Raffino llegó a
Tarija, acompañado por C. Vitry. El día siguiente
Carlos y Lilo Methfessel condujeron a los
visitantes al lugar de un puente con dos luces en
perfecto estado. En esa ocasión lamentablemente el
Dr. Raffino se accidentó y no pude inspeccionar la
obra detenidamente.
Sin
embargo, a su retorno a la Argentina, el Dr.
Raffino sorprendió a la comunidad científica
boliviana con su comunicado a la prensa sobre "su
descubrimiento" de las obras prehispánicas que
pudo visitar gracias a la invitación de los
investigadores Carlos y Lilo Methfessel.
Ya el
año 2001, el Dr. Raffino tuvo el privilegio de
conocer un camino prehispánico en Tarija, también
con un excepcional puente incaico, descubierto por
los mismos representantes de la SIARB. En este
caso se trataba del puente de Ñoquera, que
lamentablemente fue entonces también difundido en
la prensa como descubrimiento del científico
argentino. En esa ocasión, le advertimos sobre
esta falla en carta escrita el 20.5.03 a la que
respondió disculpándose que la noticia surgió de
una entrevista grabada, la que fue tergiversada
por el periodista. Sin embargo, en esta segunda
vez que ocurre lo mismo, queremos reclamar en
forma oficial por esta actitud de desconocer la
labor de los verdaderos investigadores bolivianos
y autonombrarse descubridor. Hacemos un llamado de
atención sobre la ética de investigación y el
respeto mutuo evitando un colonialismo
intelectual.
Lic.
Freddy Taboada Prof. Matthias Strecker
SIARB,
Presidente SIARB, Secretario Gen.
Descubren
un segundo puente del Inca en el sur de Bolivia
http://www.lanacion.com.ar/03/05/21/sl_497635.asp(fotos
disponibles)
Hallazgo
de arqueólogos argentinos
Descubren
un segundo puente del Inca en el sur de Bolivia
Tiene
tres metros de alto y quince de largo, y dos de
sus alcantarillas aún funcionan Las excavaciones
fueron realizadas por investigadores del Museo de
Ciencias Naturales de La Plata. Un año antes
habían descubierto 500 kilómetros del llamado
Camino del Inca
Un
equipo de científicos argentinos dirigido por el
investigador y director del Departamento de
Arqueología del Museo de Ciencias Naturales de La
Plata, Rodolfo Raffino, descubrió un puente inca
de más de 500 años de antigüedad, oculto en la
cordillera de los Chichas, en el sur de Bolivia.
Se trata de una construcción de piedra, ubicada a
3760 metros sobre el nivel del mar y parcialmente
transformada por los españoles en épocas
coloniales.
"El
tramo remodelado por los españoles se hizo
probablemente en el siglo XVII. El camino y este
puente se ampliaron para facilitar el pasaje de
tropas de mulas que quizá transportaban alimentos
a las minas de Potosí controlado por los españoles
hasta la revolución de mayo de 1810", dijo a LA
NACION el director de la expedición.
El
puente es una obra de tres metros de alto por seis
de ancho y 15 de largo. En la base tiene tres
alcantarillas de desagüe, de las cuales dos aún
funcionan.
Huellas
del pasado.
La
misión científica estuvo integrada por los
arqueólogos argentinos Christian Vitry, Diego
Gobbo y el mencionado Raffino, y los
investigadores y guías de la ciudad de Tarija
Carlos y Liselote Methfessel. El equipo viajó a
Bolivia a principios de abril para continuar las
excavaciones que había suspendido a fines de 2002.
En aquella oportunidad, descubrieron 500
kilómetros de Camino >> del Inca en la
región donde ahora hallaron el puente.
"Volvimos
a relevar parte del tramo que descubrimos el año
último y realizamos varias exploraciones en busca
de otras construcciones incaicas. Así descubrimos
el puente", explicó Raffino. La expedición fue
financiada por la National Geographic Society.
El
puente inca, hallado por el equipo de
investigadores argentino, es el segundo en su tipo
que aún permanece en pie desde la llegada del
conquistador español. El primero había sido
descubierto en abril de 2000 por la misma
expedición. Aquella construcción fue levantada
entre 1470 y 1490, en la región de Tarija, a 3300
metros sobre el nivel del mar.
"Los
viajeros naturalistas del siglo XIX habían
descripto en sus >> crónicas la existencia
de puentes a lo largo de la ruta del Inca. Por eso
nos dedicamos a buscar este tipo de
construcciones. La primera que encontramos tenía
nueve metros de alto por dos y medio de ancho",
explicó Raffino. Según el director de la
expedición, el Camino del Inca fue muy investigado
hacia principios de siglo XX, pero aproximadamente
hacia la tercera década el interés de los
arqueólogos decreció y se dejaron de lado los
estudios sobre el tema.
No
obstante, con la idea de postular el Camino del
Inca y las obras asociadas a esta arquitectura
como patrimonio de la humanidad ante la Unesco (en
la categoría paisaje cultural), los estudios
arqueológicos se multiplicaron en distintos países
de América latina. Incluso se han llegado a
organizar recorridos turísticos por estas
carreteras precolombinas.
Autopista
imperial
La red
de vialidad incaica comprendía 25.000 kilómetros
de camino de piedra extraída de canteras. Nacía en
Ecuador y se extendía hasta el sur de la provincia
de Mendoza, en la Argentina.
Muchos
tramos eran solamente rastrillados y señalizados
por rocas que se colocaban sobre los costados de
la vía. Hoy, gran parte de esa senda se encuentra
debajo de la ruta nacional N° 40 que se extiende
desde la Quiaca hasta Ushuaia.
La
columna vertebral del Camino del Inca era el
Capacñam, una ruta de 2500 kilómetros que nacía en
el Cuzco, penetraba en Calaoyo (en La Quiaca),
continuaba por la puna jujeña y finalizaba mas
allá de las quebradas de Humahuaca y del Toro. La
vía imperial tenía arterias que se bifurcaban:
algunas cruzaban la cordillera hacia Chile y otras
se internaban en los bosques chaqueños.
Hace
500 años, esta verdadera autopista precolombina
conocía un tránsito intenso. La recorrían
guerreros (sinchis), artesanos (camáyocs),
campesinos (jatumrunas), obreros (yanaconas),
señores (apus) y reyes (cápacs). Era apta para las
caravanas que utilizaban la llama como transporte
de carga. Con estos animales trasladaban el oro,
la plata y el cobre que obtenían de las
principales factorías de explotación minera.
La ruta
se extendía hasta las fronteras del imperio donde
se >> instalaban pucarás: guarniciones
militares destinadas a defender el >>
territorio de cualquier invasión. >> .
Por Jesús A.
Cornejo
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