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¡ PROBLEMÁTICA ACTUAL DEL GAS NATURAL BOLIVIANO !

Para: LE MONDE DIPLOMATIQUE (DIC. 2003)
PROBLEMÁTICA ACTUAL DEL GAS NATURAL BOLIVIANO

Índice:
1. Introducción
2. Política Energética y Plan Energético Nacional
3. Una nueva Ley de Hidrocarburos
4. El Referéndum
5. Conclusiones

1. INTRODUCCION

Si fuera posible hallar un responsable de todos los problemas que ha traído hasta ahora el tema del Gas Natural (GN) a Bolivia, incluyendo muertes de ciudadanos y fuga de dignatarios de Estado, ése debería ser la falta de una Política Nacional sobre Energía e Hidrocarburos, la cual, de haber existido, hubiese permitido enfrentar con solvencia todos los aspectos relacionados con el aprovechamiento de ese recurso, sin mayores traumas. De hecho, el tema de la exportación de Gas Natural Licuado (LNG) a California y México, debido también a su complejidad y características multidisciplinarias, ha encontrado toda una sociedad, desde presidentes y ministros hasta el ciudadano de a pie, pasando por periodistas y líderes de opinión, fuertemente desinformados y desorientados sobre lo que era conveniente y lo que no lo era, sobre lo que era relevante o lo que no lo era, sobre lo que era cierto o lo que lo era sólo a medias. De ese modo, el análisis de la temática del GN ha sufrido dispersión e improvisación y sólo recientemente ha logrado desembocar en una visión integral, en función de una estrategia nacional de desarrollo, apoyada fuertemente, aunque no únicamente, en el aprovechamiento racional y sostenible de los hidrocarburos. Por otro lado, el gran debate que se ha dado, sobre todo a través de los medios de comunicación social, sin disminuir la importancia de una serie innumerable de foros y debates, ha tenido la virtud de interesar hasta el último ciudadano en la problemática asociada al GN. Esta simple constatación hace del manejo informativo uno de los puntos clave de éxito del nuevo enfoque que ha resuelto dar el gobierno de Carlos Mesa a la temática de la energía e de los hidrocarburos en Bolivia. Y subrayo energía, junto con hidrocarburos, ya que ambos no pueden seguir separados como se hizo, con demasiada ligereza, al separar los respectivos ministerios.
El panorama actual está enfocado en la nueva Ley de Hidrocarburos (LdH) y el Referéndum, dos compromisos que el nuevo presidente se ha visto obligado a asumir el día de su posesión y que, sin embargo, pueden contribuir a definir esa Política de Estado que, en opinión de muchos, es la primera tarea de la actualidad.

2. NECESIDAD DE UNA NUEVA POLÍTICA ENERGÉTICA EN BOLIVIA

El cambio de paradigma en la discusión en torno al Gas Natural (GN) boliviano, de la oportunidad y conveniencia de la exportación del GN como LNG a California y México, con sus complicaciones portuarias, a la discusión sobre el aprovechamiento racional y sostenible del GN, exige definir claramente las bases conceptuales de la Política Nacional de Energía e Hidrocarburos. El primer aspecto que hay que conceptuar es el GN como recurso energético y materia prima industrializable. En particular, es útil enfatizar las características del GN boliviano, algunas de las cuales se aplican también a los hidrocarburos líquidos. En efecto, el GN: · es un recurso natural no renovable, que por tanto debe ser utilizado especialmente para el Desarrollo Sostenible del país; · es un recurso nacional, que debe beneficiar al país y a las regiones productoras y ser un factor de unidad nacional; · es, en cuanto energía, un recurso estratégico y, por ende, susceptible de varios beneficios para el país, más allá de los ingresos fiscales; · es un recurso con futuro a lo largo de todo el presente siglo, una razón más para un manejo sustentable de sus reservas; · es un referente para la seguridad energética para la región, aspecto que tiene importantes consecuencias para la geopolítica del país; · es un recurso generador de ingresos para el Estado más que de empleo masivo · pero es también un recurso barato (5 veces menor que el petróleo a paridad de energía), debido también, en el caso boliviano, a su carácter “remoto” (lejos de la superficie y de los centros de consumo), de modo que sus ingresos son significativos sólo para ventas a gran escala. · Finalmente el GN no es la panacea del desarrollo económico nacional, aunque, utilizado racionalmente, es la mayor fuente potencial de riqueza y de mejora de la calidad de vida de los bolivianos. El segundo aspecto que debe guiar el diseño de una Política Nacional de Energía e Hidrocarburos es la comprensión cabal de la dimensión de las reservas de hidrocarburos bolivianos, análisis que permite ubicar con precisión el lugar que corresponde a nuestro país en el ámbito regional y mundial. Los 28.7 Tcf (10 elevado a la 12 pies cúbicos) de reservas probadas (o sea que realmente existen y son aprovechables), o los 54.9 Tcf de reservas certificadas (probadas y probables) nos sitúan en una posición de gigantes en cuanto al mercado interno (las reservas probadas alcanzarían para más de 400 años a la tasa actual de consumo interno); de grandes en el mercado regional, segundos sólo a Venezuela en Suramérica, pero de enanos en el contexto mundial. Para convencernos, las reservas certificadas de Bolivia hubiesen servido para abastecer el mercado de GN de los EEUU durante dos años, mientras que Qatar (500 Tcf de reservas) en un solo año ha incrementado sus reservas de gas 120 Tcf, más del doble de nuestras reservas certificadas. Este hecho nos lleva a la conclusión que las mayores oportunidades de mercado para el GN boliviano deben ser buscadas en la región (Cono Sur, principalmente), debido también a la importante red de gasoductos que se ha desarrollado entre Bolivia, Brasil, Argentina y Chile. Por otro lado, las oportunidades de entrar al mercado internacional son tan pocas que, cuando se presentan, deberían ser tomadas en serio y no ser desperdiciadas. La pregunta obvia es: teniendo tanto GN, ¿qué impide su consumo masivo en el país? Actualmente, el uso del GN en el mercado interno se da como energía primaria (gas para domicilios e industria y gas comprimido para vehículos – GNV –) en un 47%, como fuente de energía secundaria (termoeléctricas) en un 52% y como materia prima (petroquímica) en el resto. En términos absolutos el consumo interno anual llega a 65 Bcf (65 por 10 elevado a la 9 pies cúbicos), lo que representa apenas un 25% de la energía que consumen los bolivianos, siendo los hidrocarburos líquidos (gasolina, diesel y GLP) los que se llevan la parte del león. Por tanto, una política energética nacional debe partir necesariamente de transformar la matriz energética de Bolivia, incrementando sensiblemente (hasta un 40%) la participación del GN en la torta energética nacional en el curso de los próximos 10 años. Ese objetivo puede ser alcanzado mediante cuatro medidas estructurales, cada una de las cuales merecería un artículo a parte, pero que en esta sede sólo enunciaremos: a) Reemplazar en los hogares el uso del gas de garrafa (GLP), escaso y subvencionado actualmente, por GN domiciliario, mediante incentivos que ya se han adelantado (instalaciones sin costo inicial, aunque recuperable vía tarifa). b) Reemplazar el combustible vehicular (gasolina, pero sobe todo GLP) con GN vehicular (GNV), mediante incentivos como la instalación sin costo del equipo de conversión y una atractiva tarifa para el GNV (entre 50 y 60% de la gasolina). c) Reemplazar las importaciones de diesel oil, que el país no produce suficientemente, con diesel sintético obtenido del GN vía procesos industriales (GTL). Esos proyectos requieren de fuertes incentivos fiscales y jurídicos y su viabilidad debe ser estudiada cuidadosamente, también en función de la relación costo/beneficio para el Estado. d) Implementar nuevas termoeléctricas, con alta eficiencia (ciclo combinado), aunque actualmente la oferta de energía eléctrica es superior a la demanda y el uso de la energía hidroeléctrica es, bajo todo punto de vista, preferible a la termoelectricidad, máxime en un país con la orografía que tiene Bolivia. El segundo eje para un aprovechamiento racional del GN es la agregación de valor. Dos clases de proyectos caben en esta clasificación: los que usan el etano, un componente minoritario del GN (5%) y los que utilizan el componente mayoritario, el metano. Ha quedado claro que la petroquímica del etano, debido a factores de economía de escala, sólo es posible si se colocan en el mercado, básicamente vía exportación, ingentes volúmenes de GN. Por su lado, los grandes proyectos de producción de gas de síntesis a partir del metano con miras a la exportación, deben ser estudiados cuidadosamente, ya que implican fuertes inversiones y mayores incentivos fiscales, incentivos que deben ser considerados en el marco del nuevo rol del Estado en materia de energía e hidrocarburos. De modo que el tercer eje, la exportación de GN, además de no ser contradictorio con el consumo interno y una racional industrialización, es en la actualidad la opción más realista para monetizar el GN, especialmente vía proyectos LNG, a condición de que el país pueda obtener beneficios, de toda índole, que justifiquen esos proyectos. Finalmente, una Política Nacional de Energía e Hidrocarburos no debe ser el resultado de una coyuntura conflictiva sino una tarea permanente del Estado. Por eso, se ha propuesto la creación de un Consejo Nacional de Energía e Hidrocarburos (CNEH), verdadero órgano pensante del Estado, constituido por personalidades de gran prestigio ligadas al sector energético, autónomo de los poderes del Estado y con suficiente autoridad técnica y moral para dictaminar sobre temas relacionados con el sector.

3. UNA NUEVA LEY DE HIDROCARBUROS

La coyuntura socio-política, las grandes reservas de GN sin mercado y la conceptualización del GN en el marco de la Política Energética Nacional, obligan a diseñar una nueva ley de hidrocarburos que reemplace la Ley 1689, concebida bajo circunstancias y con objetivos totalmente diferentes. De hecho, una nueva ley debería tener: · nuevos objetivos, como es el aprovechar racional y sostenidamente los recursos hidrocarburíferos, más que atraer inversiones para la exploración, como hizo, exitosamente por cierto, la ley 1689 del año 1996; · nuevos tributos, que hagan cobrable el decepcionante impuesto a las utilidades de las empresas (IUE) y el quimérico “surtax”; · un nuevo concepto del rol del Estado, que permita la revitalización de YPFB, el funcionamiento de un órgano como el CNEH, la industrialización del GN en territorio nacional y la participación pro-activa del Estado en los emprendimientos petroleros que utilicen el GN boliviano; · una nueva distribución de los ingresos por participación estatal e impuestos, con el fin de apoyar el Desarrollo Sostenible de todo el país y mejorar la calidad de vida de todos los bolivianos. Por razones de espacio, me detendré exclusivamente en el nuevo rol del Estado. No se trata de volver al Estado emprendedor y paternalista de las décadas de los 70 y 80, ni de seguir con el Estado regulador y desentendido de la ley 1689, sino de posibilitar la participación del Estado, a través de su brazo operativo (YPFB), junto a la empresa privada, nacional o extranjera, en todo emprendimiento que sea beneficioso y rentable. Estoy pensando en un Estado “socio”, con una cuota posiblemente minoritaria, pero capaz de obtener dividendos, información y capacidad de fiscalización. La pregunta crítica es: ¿con qué aporte de capital puede el Estado (YPFB) asociarse? De diferentes maneras: con aportes en efectivo, capitalizando -en el sentido etimológico- a YPFB o monetizando toda concesión, franquicia, liberación o incentivo, que el Estado conceda a un determinado proyecto, en acciones que YPFB recibe como aporte del Estado, con cargo a devolución vía dividendos futuros. En breve, por más “de interés nacional” que sea un proyecto, nada gratis debe recibir del Estado: los incentivos y concesiones serán compensados por acciones que permitan a YPFB entrar como socio en el proyecto por cuenta del Estado, previa aprobación del CNEH, para evitar un desmarque de esa empresa de las políticas nacionales en materia de energía e hidrocarburos. Adicionalmente, una fuente mucho más significativa de recursos para potenciar YPFB podría venir de la transferencia a YPFB de las acciones “A” de las capitalizadas Andina, Chaco y Transredes. Se trata de acciones de todos los Bolivianos, valoradas en 800 millones de dólares (y que, eventualmente, se esfumarán) pero que corresponden a la copropiedad de campos con unos 9 Tcf de GN y su correspondiente volumen de líquidos, un valor real cercano a los 10 mil millones de dólares. Sin embargo, hay que admitir que la posibilidad legal de llevar a cabo esa operación no está muy clara que se diga.

4. EL REFERENDUM

El día de su posesión, el Presidente Mesa ha asumido el compromiso de llevar adelante un Referéndum vinculante previo a la exportación del GN a California y México. Más allá de la legitimidad constitucional de la consulta, en su forma y en su contenido, es importante detenerse en la pregunta, o las preguntas, que deberían caracterizar el Referéndum. Veo, en los pronunciamientos que se han conocido, por lo menos cuatro tendencias:
1. “Exportación si o no”: es la pregunta más obvia, sobre la base del conflicto que ha llevado al Referéndum. Sin embargo es también la pregunta más hipócrita, ya que desde hace más de 30 años Bolivia exporta GN como materia prima y, debido a la magnitud de las reservas de GN, la exportación es una opción viable, para obtener ingresos y para proveer de materia prima a la industria nacional (petroquímica). No hay ninguna duda de que, puesta la pregunta en estos términos, ganaría el SI, pero no serviría de nada sin aclarar bajo qué condiciones se llevaría a cabo la exportación.
2. “Exportación o industrialización”, falso dilema, como han aclarado diferentes analistas: ambos emprendimientos son posibles, ambos son necesarios y complementarios.
3. “Por la costa chilena o por la costa peruana”. Este es un tema complejo, que tiene que ver con la conveniencia técnico-económica del proyecto, con los beneficios colaterales que recibiría el país en ambos casos y con las negociaciones bilaterales, necesariamente reservadas, hasta llegar a un acuerdo. Un régimen de “supremacía territorial” del Estado boliviano en el enclave, permitía afirmar, como lo hizo el ex vicepresidente Julio Garret Ayllón, “ni por Chile ni por Perú, por Bolivia”.
4. “Nacionalizar los hidrocarburos sí o no”. Esta es la pregunta más peligrosa si no se especifica qué significa (¿derogar el polémico Decreto Supremo 24806?; ¿echar a las empresas petroleras de Bolivia con la secuela de juicios e indemnizaciones?; ¿dar al Estado un nuevo rol pro-activo en el aprovechamiento de los recursos energéticos?) y cómo se llevaría a cabo ese proceso. Al contrario esa propuesta, de naturaleza política, debería estar incluida en los planes de gobierno de los partidos que la sostienen, para la siguiente elección presidencial. En este contexto lo más racional parecería hacer del Referéndum un proceso culminante de una agenda que pase por: definir la nueva Política Energética del país, aprobar la Ley de Hidrocarburos y el Plan nacional de utilización del GN y, finalmente, preguntar al pueblo de Bolivia si está de acuerdo o no con ese Plan, en el marco de la Política y la Ley aprobadas.

5. CONCLUSIONES

Bolivia se encuentra hoy en una encrucijada: aprovechar el conflicto en torno al GN para avanzar, con una brújula clara (La Nueva Política Nacional de Energía e Hidrocarburos), una barco seguro (La Nueva Ley de Hidrocarburos), un timonel experimentado (El Consejo Nacional de Energía e Hidrocarburos) y una tripulación renovada (YPFB) hacia nuevos emprendimientos que puedan contribuir al desarrollo sostenible del país, o, al contrario, seguir empantanada en las aguas turbias de las discusiones bizantinas y de los conflictos artificiales, que sólo nos traerán mayor división e incertidumbre. Las condiciones están dadas para que, con el concurso de todos, la primera opción sea la que guíe el accionar de gobierno, instituciones y población de acá en adelante.

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